S03-25

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Análisis de los mecanismos posverdaderos.

El concepto de posverdad debe ser tan antiguo como la civilización, sin embargo, su irrupción en formato de neologismo ha sido abrumadora y universal. Consideramos que las circunstancias han jugado a su favor entre otros motivos porque las apelaciones emotivas se han vuelto el elemento más frecuente en nuestra sociedad, condenando al ostracismo intelectual a cualquier argumento que trate de apelar a la razón o al pensamiento crítico.

Tres grandes medios de comunicación estadounidenses (la revista Time, el Washington Post y el New York Times) han seguido la pista de las mentiras empleadas por Donald Trump desde su toma de posesión en enero de 2017. Hasta septiembre de 2019 había dicho más de 10.000 afirmaciones falsas. Esta situación, en lugar de disminuir la credibilidad del presidente norteamericano, ha provocado que la opinión pública desconfíe de estos medios, a pesar de que sus denuncias son verdaderas. Este esquema no es exclusivo de EEUU, de hecho, se está repitiendo por todo el mundo.

Nos gustaría hacer hincapié en un detalle. La palabra inglesa “post-truth” es un adjetivo, nosotros lo hemos trasladado al español en forma de sustantivo. Como el matiz del idioma original nos parece necesario, hemos decidido hablar de mecanismos posverdaderos en lugar de posverdad, introduciendo el término en formato de adjetivo. El análisis de estos mecanismos es lo que nos proponemos en la presente ponencia. El esquema parece de fácil explicación, pero sus consecuencias pueden ser demoledoras para unas democracias como las nuestras. A un aumento exponencial de las noticias falsas, sobre todo en las redes sociales que, curiosamente, son la principal y exclusiva vía de comunicación de gran parte de la población, se suma la vulnerabilidad de la sociedad a los mecanismos posverdaderos y, como colofón, un sistema educativo que ha perdido el norte y que ni puede ni sabe cómo implementar la tan necesaria formación en pensamiento crítico. Este panorama agorero ya fue vaticinado por los grandes pensadores de la escuela de Frankfurt, Adorno y Horkheimer, quienes, sin haber visto nunca el poder inefable de las redes sociales e internet ya columbraron el poder destructivo de la televisión, la propaganda y el consumo. Tampoco quedó atrás Guy Debord en sus análisis de La sociedad del espectáculo, textos todos que señalaban preocupantemente a una realidad que parece que estamos viviendo nosotros ahora.

Estudiar cómo es posible que un ciudadano medio esté dispuesto a dar pábulo a una afirmación falsa porque encaja con sus prejuicios y expectativas es el objetivo que nos proponemos aquí.

Firmantes

Nombre Adscripcion Procedencia
Manuel Bermúdez Vázquez Universidad de Córdoba Córdoba
Elena Casares Landauro Universidad de Córdoba Córdoba

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